Los Sordos, como personas visuales, conforman una comunidad con una cultura propia, comparten una serie de características que difieren del grupo mayoritario oyente, presentando características semejantes a las de otros pueblos minoritarios como por ejemplo, los pueblos indígenas. Tienen una lengua viso‐gestual que les es propia, la Lengua de Señas, y una serie de costumbres y valores surgidos de su condición visual, como la manera de saludarse, de despedirse, de felicitar y de aplaudir, entre otras. Poseen también sus propias reglas en las interacciones sociales, conformando clubes y asociaciones donde comparten sus intereses, gustos, necesidades y en los cuales se permiten ser y expresarse en toda su dimensión.
Desde la mirada antropológica, los Sordos, como grupo socio‐cultural, conforman una comunidad con características propias que les permite relacionarse con los otros de una manera distinta a como lo hace la comunidad oyente. Ellos son personas principalmente visuales que desarrollan una lengua viso‐gestual que les es propia, la Lengua de Señas. Esta diferencia permite referirse, en un sentido cultural, a la “Mentalidad Sorda”. Tienen una misma lengua e historia y comparten valores y tradiciones y, al igual que muchas otras comunidades, aportan un alto valor en diferentes formas de arte, como el drama, la pantomima, el cuento, la poesía y literatura.
Dentro de cada país ellos conforman un grupo minoritario, no sólo porque numéricamente son menos en relación a los oyentes, sino porque a través de la historia no han podido tomar sus propias decisiones en los diferentes ámbitos de la vida política, social, económica y educativa. Han sido minorizados, siendo el grupo mayoritario, con el cual están obligados a convivir, el que ha decidido por ellos, dejándolos por muchas siglos relegados a lo que los oyentes decidan.

















